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martes, noviembre 04, 2008

Cambio Climático y el Pujante Mercado Mundial del Carbono

*En esta columna, se consignan los fundamentos económicos que le otorgan al CC la categoría de "buen negocio"


 Por Luis Alejandro Mejía Caniz para SSNNONLINE

A partir del reconocimiento científico del problema del Cambio Climático en 1988, por el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, una serie de políticas internacionales se crearon en serie, las cuales concluyeron en 1997 con la promulgación del Protocolo de Kyoto. Este fue ratificado progresivamente por los países miembros de Naciones Unidas hasta contar con vigencia ratificada en el año 2005. Dicho protocolo estableció las condiciones para la creación de un mercado mundial para transacción de emisiones, con el fin de reducir la concentración de gases de efecto de invernadero en la atmósfera de nuestro planeta, la cual ha aumentado como producto de las emisiones que generan las actividades productivas y económicas desarrolladas por la humanidad. (continuar leyendo)


martes, agosto 26, 2008

Campamento por el Clima 2008 II: El cambio climático no es un partido de fútbol anarquista

Al tratar de poner la política por delante de la acción, Ewa Jasiewicz se dedica al pensamiento mágico del tipo más desesperado. Por George Monbiot para The Guardian

Si quieres una visión de cómo el movimiento contra el cambio climático podría desvanecerse como un copo de nieve en verano, lee el artículo de Ewa Jasiewicz. Es un claro ejemplo de la identidad política que asoló as los movimientos de acción directa durante la década de los 90 y de los cuales la nueva generación de activistas hasta ahora ha estado afortunadamente libre.
Jasiewiz correctamente celebra la ausencia de líderes, el modelo autónomo de organización que ha hecho a este movimiento tan efectivo. Los campamentos por el clima a los que he asistido, este año y el pasado- estuvieron entre los eventos más inspiradores a los que nunca he asistido. Estoy asombrado de la gente que los ha organizado, que lo administraron para crear, bajo una presión extraordinaria, espacios seguros, funcionales y encantadores, en los que podría debatir los asuntos y planear las acciones que sacaron Heathrow y Kingsnorth a la luz pública. El campamento por el clima es un tributo a la política anarquista que Jasiewicz apoya.

Pero al tratar de extrapolar esta experiencia a un plan social más amplio, comete dos graves errores. El primero es confundir fines y medios. Afirma que quiere para el calentamiento global, pero hace la tarea 100 veces más difícil al rechazar todas las soluciones estatales y corporativas. Me parece que lo que ella quiere realmente es crear una utopía anarquista, y usar el cambio climático como una excusa para tramarla.

Parar el cambio climático tiene que tomar preferencia sobre cualquier otro objetivo. Todos en el movimiento saben que hay muy poco tiempo: la ventana de la oportunidad en la que podemos prevenir un calentamiento de dos grados se está cerrando rápido. Tenemos que usar todos los recursos de los que podemos disponer en nuestras manos, y estos tienen que incluir a los gobiernos y a las corporaciones. O quizás, ¿intenta construir ella misma las instalaciones requeridas para dar la vuelta a la economía energética– plantas eólicas, máquinas de olas, plantas termales solares en el Sahara, las nuevas conexiones a la red y los sistemas de transporte público?

Su artículo es un ejemplo aterrador de la habilidad de algunas personas para poner la política primero y los hechos en segundo lugar cuando enfrentamos el mayor desafío de la humanidad. Los hechos son los siguientes: El cambio climático sin control se nos echa encima rápidamdente. Requerimos una gran respuesta económica y política para prevenirlo. Los gobiernos y las corporaciones, nos guste o no, actualmente controlan el dinero y el poder. Si no nos organizamos para movilizarles, no tendremos oportunidad de parar el derrumbe de la biosfera. Jasiewicz ignoraría todas estas verdades incómodas a causa de que ellos discrepan con su política.

“Cambiar nuestras fuentes de energía sin cambiar nuestras fuentes de poder político y económico”, afirma, “no producirá ninguna diferencia”. Ni el carbón ni la nuclear son la ‘solución’, necesitamos una revolución.”Así entonces, antes de que se nos permita comenzar a recortar las emisiones de gases invernadero, primero tenemos que derrocar a todos los gobiernos y corporaciones y reemplazarlos por comunidades autónomas de felices campistas. Todo esto tiene que tener lugar dentro de un plazo de dos meses, ya que hay poco tiempo para que pudiéramos prevenir dos grados de calentamiento. Estos es un pensamiento mágico del tipo más desesperado. Si fuera un ejecutivo de E.ON o Exxon, estaría encantado con su postura política, ya que produce una distracción maravillosa de nuestros objetivos reales.

Para apoyar su argumento, Jasiewicz tergiversa lo que dije en el campamento por el clima. Dice que yo “confesé no saber hacia a donde ir para resolver los asuntos de cómo generar los cambios necesarios para cambiar nuestras fuentes de energía, producción y consumo”. No confesé nada de esta clase. En ni libro Heat (Calor), detallo lo que se requiere para producir un recorte del 90% de emisiones para el 2030. Lo que yo confesé fue que no sabía como resolver el problema del capitalismo sin restaurar el totalitarismo.

El asunto es que el capitalismo involucra prestar dinero a un tipo de interés. Si prestas al 5% entonces tiene que pasar una de estas dos cosas. O el dinero suministrado tiene que incrementarse en un 5% o la velocidad de circulación tiene que incrementarse un 5%. En cualquier caso, si este crecimiento no se encuentra con un crecimiento concomitante en el suministro de bienes y servicios, se vuelve inflacionario y el sistema se derrumba. Pero un incremento perpetuo en el suministro de bienes y servicios finalmente destruirá la biosfera. Entonces, ¿Cómo paramos este proceso? Incluso cuando se mato a los usureros y fueron condenados a la maldición eterna, la práctica no pudo ser eliminada. Sólo el estado comunista la manejo, a través del uso extremo del control estatal que Jasiewicz profesa odiar. Todavía no tengo respuesta a esta adivinanza y ¿ella?.

Si, vamos a combatir al poder corporativo y las tendencias antidemocráticas de los estados. Si, vamos a intentar resolver el problema del capitalismo y después combatir por un sistema diferente. Pero no confundamos la tares con la necesidad inmediata de parar los dos grados de calentamiento, o permitir que interfiera con los recortes de carbono que tienen que empezar ahora.

El segundo gran error de Jasiewicz es imaginar que la sociedad puede cambiarse a un gigantesco campamento por el clima. El anarquismo es un gran medio de organizar una comunidad autoelegida de gente de la misma opinión. Es un desastroso medio de organizar un planeta. Muchos anarquistas imaginan su sistema como el medio por el cual los oprimidos pueden liberarse de la persecución. Pero si todo el mundo va a ser libre del poder coercitivo del estado, entonces esto tiene que aplicarse tanto a los opresores como a los oprimidos. Las comunidades más ricas y poderosas del planeta – sea por comunidades geográficas o comunidades de intereses – no estarán libres por fuerzas externas como los más pobres y débiles. Como me dijo un amigo dice, “cuando llegue la utopía anarquista, la primera cosa que ocurrirá será que cada lector del Daily Mail en el país cogerá un arma e ira a matar al hippy más cercano”.

Esto es porque, aunque ambos lados lo nieguen furiosamente, el resultado del fundamentalismo del mercado y el anarquismo, si se aplicarán universalmente, sería idéntico. Los anarquistas asociados con el oprimido, los fundamentalistas del mercado con el opresor. Pero, al eliminar el estado, ambos eliminarían las restricciones que previenen que el fuerte aplaste al débil. La nuestra no es una elección ente el gobierno y el no gobierno. Es una elección entre el gobierno y la mafia.

Durante el año pasado he estado trabajando con grupos de activistas por el clima que han cambiado mi opinión de lo que debe ser realizado. La mayoría de ellos tienen menos de 30 años, y llevan el asunto con una claridad de mente y un pragmatismo que nunca había encontrado antes en los movimientos de acción directa. Están preparados para tomar riesgos extraordinarios para intentar defender la biosfera de las corporaciones, los gobiernos y las tendencias sociales que amenazan con hacerla inhabitable. Lo hacen por una única razón: Aman el mundo y temen por su futuro. Sería un tragedia si, por los esfuerzos de gente como Jasiewicz, fueran distraídos de esta urgente tarea sobre la identidad política que ha destrozado tantos movimientos.
Traducido por Mario Cuéllar

Campamento por el Clima 2008 I - Cambio Climático: Tiempo para una Revolución

No puede haber soluciones estatales al cambio climático: los gobiernos no pararán a los poderes que nos llevan a la ruina ambiental. Por Ewa Jasiewicz en The Guardian.

Una broma circuló en los últimos días del campamento por el clima (1). Así como la “tienda del bienestar”, que trataba a los activistas levemente traumatizados del recibimiento a porrazos de la policía a las 5 de la mañana, alguien propuso una “tienda de los bienintencionados”. Acomodaría a aquellos que querrían incluir al estado y las soluciones basadas en el capitalismo en el movimiento para revertir el cambio climático. La valla exterior del campo se curvaría en una tienda de bienintencionados para crear una tabla redonda para accionistas incluyendo a la policía (que de forma exitosa mantuvimos fuera del lugar después de días de enfrentamientos), E.ON del Reino Unido y otros representantes de la industria energética –con té y angustia opcionales.

La broma fue impulsada por una controvertida presentación de George Monbiot, en la que hizo suyo el uso del estado como socio para resolver la crisis del clima. Monbiot mantuvo a la audiencia embelesada cuando explicó la fundamental incompatibilidad del crecimiento económico con el recorte de emisiones necesarias para evitar un cambio climático catastrófico, Aún confesó no saber hacia donde dirigir los próximos pasos para generar los movimientos necesarios para cambiar nuestras fuentes de energía, producción y consumo y en donde encajar el capitalismo y el estado. Terminó abogando por el uso del estado: “Por Dios, vamos a usarlo”. Entre los aplausos, algunos estábamos horrorizados. Déjenme explicar por qué.

Muchos de los organizadores de los campamentos por el clima perfeccionaron sus habilidades en el movimiento contra las carreteras a mediados de los 90. Algunos vienen de centros sociales de nómadas, del movimiento okupa y de las fiestas libres*, una alianza construida para contrarrestar la Ley de Orden Público y Justicia Criminal de 1994 (Criminal Justice and Public Order Act 1994) (2), que criminalizada a los viajantes y activistas que reclamaban la tierra y los edificios para uso cooperativo y social. Estos activistas vienen de una cultura antiautoritaria, anticapitalista – que rechaza la propiedad y la banalización del espacio vital, y que abraza el disfrute colectivo, la danza y la música.

La continuidad de esta cultura de resistencia, de un lucha por los comunes, por el control sobre uno mismo y la vida familiar, por el trabajo no alienado y la interacción social, se extiende hacia atrás en el tiempo de los Diggers, Levelers y los Luddites (3). Radicales ingleses que lucharon contra la monarquía, los impuestos, el cercado de las tierras y las medidas de austeridad diseñadas a otorgar poderes a la nueva clase industrial, financiada por la apropiación de la tierra colonial y feudal y la esclavitud.

Esta memoria histórica y estas creencias en un global commons*, sin líderes, organización participativa, bases políticas antiestado y acciones anticapitalistas se movieron intensamente en los campamentos. Tenían también buenos fundamentos sobre la cultura de acción directa, un rechazo a aceptar las soluciones de arriba abajo y a un sistema de democracia parlamentaria que reduce la participación política a una urna, 16 veces en un tiempo de vida promedio.

Pero, ¿realmente Scargill (4) y Monbiot (5) “pillaron” la idea del campamento y sus culturas de resistencia? La última edición de la revista del NUM ** criticaba al campamento por ser demasiado “clase media”, antiminería y alienada desde la “real” y las genuinas “realidades” de la clase trabajadora. ¿Son estas representaciones justas? Muchos participantes en el campamento podrían ser definidos como el “precario” –la respuesta del neoliberalismo al proletariado. Ya no hay trabajadores urbanitas en un trabajo regular durante la mayoría de su vida laboral, el precario vive y trabaja en un estado precario, a merced del mercado laboral desregulado. El trabajo es dominado por la precariedad, la flexibilidad y el trabajo de inmigrantes, contratos hora-cero***, trabajo temporal o estacional, trabajo en casa, auto empleo o desempleado. Muchos en el campamento forman parte de la clase trabajadores, no más fuera del control de los medios de producción que los trabajadores en la industria aquí o en China o en Polonia.

La solución estatal a la crisis climática nos fue presentada hace 10 años a través del protocolo de Kyoto, ¿Cuáles son? Privatizar el aire que respiramos y convertir las emisiones de carbono en mercadería, comprar y vender veneno atmosférico, crear un nuevo mercado comercial en el medio para la destrucción ecológica. No es de extrañar que muchos en el campamento rechacen las soluciones estatales al cambio climático.

Es entretenimiento, como los dos minutos de enfrentamiento (6) en una habitación llena de veneno entre Monbiot y Scargill, este gesto político no nos lleva al corazón de la lucha. La cuestión es, ¿quién y bajo que condiciones, controla la toma de decisiones y tiene el poder de cambiar el clima?**** ¿Quien pagará el precio del exilio de la tierra común y familiar, el agua y la inseguridad alimentaria, cuando la tierra y los arroyos se contaminen o se desvíen para el uso de la industria energética, para bauxita, uranio, carbón y mineral de hierro para construir nuevas infraestructuras, centrales de energía nuclear, expandir el mercado global de carbón y la infraestructura concomitante para perpetuar todo el proceso?

¿Cómo producimos una transformación que nos otorgue poderes a todos nosotros? La organización de base en cooperativas, con bajo impacto, formas sostenibles, vislumbradas en el campamento por el clima y practicada diariamente por millones, es un camino hacia esto. Otra es vivir en el final más afilado del caos climático hoy.

Entonces, ¿Cómo hacemos esto un desafío, George y Arthur? Gasten dos meses, no dos minutos, (¡juntos!) en el campamento Matlu en Jharsuguda, en la provincia de Orissa, India. Uno de los estados más pobres sobre la Tierra, aquí en el corazón del cinturón de carbono de la India, hay familias desplazadas por la minería, viviendo en una forma contaminada de cautiverio. Donde nuestro propio Departamento para el Desarrollo Internacional (Department for International Development) ha sido reestructurado por la gestión pública, reforzando a las industrias mineras y guiando reformas agrarias permitiendo la tala del bosque prístino, más reasentamientos tribales y más destrucción ambiental.

Cambiar nuestras fuentes de energía sin cambiar nuestras fuentes de poder económico y político no producirá ninguna diferencia. Ni el carbón ni la era nuclear son la “solución”, necesitamos una revolución.

Ewa Jasiewicz es escritora, periodista, activista de derechos humanos y sindicalista.

jueves, julio 10, 2008

Chile: El parto de la democracia

Más allá de las elecciones: Los problemas que debe enfrentar el país son mayores que la cuestión de quién esté en el poder. POR Marifeli Pérez-Stable, Washington | 10/07/2008

Protesta de profesores y estudiantes en Santiago de Chile, el 8 de julio de 2008

Chile es una historia de éxito en América Latina. El ingreso per cápita creció de $4,720, en 1990, a $13,936, en el año 2007. Al no perturbar las políticas económicas de mercado que se instituyeron en la década de los años ochenta, la Concertación —la coalición de centro-izquierda en el poder desde 1990— ha llevado a Chile a ser lo que hoy es. El próximo escalón sería alcanzar la cifra de $20.000 en el ingreso per cápita, que anunciaría ya el paso total del país al desarrollo.

Será escalar una cuesta mucho más pronunciada. Los resultados de las encuestas hechas por Latinobarómetro y CERC —dos firmas encuestadoras en Santiago de Chile— muestran un panorama complejo en la opinión pública chilena, que ilustra la causa para esa afirmación.

Tómese, por ejemplo, la economía. En el año 2007, el 30% de los encuestados dijo estar muy satisfecho o algo satisfecho con ella. Alrededor de un 80% persiste en decir que el crecimiento económico ha beneficiado, principalmente, a los ricos. Casi un 90% considera que el sector privado es demasiado poderoso y la mayoría tiene una opinión desfavorable de los empresarios.

Estas opiniones, que no reflejan el impresionante progreso alcanzado, se afianzan por las desigualdades que la democracia no ha podido modificar.

-Aproximadamente un 85% descarta que haya igualdad ante la ley.

-Más del 80% ve a Chile sumido en la trampa de los intereses especiales.

-A comienzos de la década de los años noventa, la diferencia de percepción entre la legitimidad de la democracia y su eficacia era muy pequeña: un 85% y un 75%, respectivamente.

-Desde entonces, ambas percepciones positivas sobre la democracia han ido a menos: la legitimidad, a un 74%, y la eficacia, a un 55%, por lo que la diferencia entre ambas cifras se duplicó.

Resultado del éxito

Consideremos otra perspectiva. Desde 1987, el índice de pobreza cayó del 40% al 16%. Aun así, si Chile tuviera niveles de desigualdad comparables a los de Corea del Sur, más de un millón de chilenos habrían salido de la pobreza. No es tarea fácil reducir la desigualdad al mismo tiempo que se mantiene el crecimiento económico, pero eso es precisamente lo que Chile tiene por delante.

Si rompiera el síndrome de la desigualdad que, en parte, quiere decir aumentar considerablemente los ingresos promedio a través de una mayor productividad y una mejor distribución, Chile también lideraría a América Latina en un asunto que atormenta a toda la región.

Es irónico que el aumento de la prosperidad haya complicado el asunto. En 1998, el 60% de los encuestados creía que una economía de mercado era la mejor para Chile; en el año 2007, sólo el 46% lo consideraba así. Entre los años 2005 y 2007, el porcentaje de entrevistados que consideraba que la economía de mercado guiaba el desarrollo cayó en picada, de un 62% a un 41%. Los que juzgaban que la empresa privada era indispensable también se redujeron del 72% (en el año 2004) al 59% (en el año 2007).

La economía chilena aminoró su velocidad. Sin embargo, no imagino a la opinión pública en Corea del Sur, Irlanda o Nueva Zelanda restando importancia al mercado, con tal presteza, en el caso de una desaceleración económica. Lo más probable es que culpara a los políticos, algo que los chilenos también hacen —con suma vehemencia—.

-Mientras que en 1991 el 63% de los encuestados afirmó que los políticos eran indiferentes o no se ocupaban de personas como ellos, el 85% lo señaló así en el año 2007.

-Al formularse la pregunta de si los políticos sólo pensaban en la población en tiempos electorales, el 73% dijo que sí en 1991 y el 93% lo ratificó en el año 2007.

-En 1991, el 66% de los entrevistados dijo que, más allá de la consideración de quién estuviera en el poder, los intereses personales siempre se imponían al bienestar público. En el año 2007, el 83% dio la opinión por cierta.

La política, históricamente un campo que los chilenos saben manejar como pocos, necesita abrirse paso en medio del actual atolladero. Hace veinte años el país aprobó, con excelencia, la asignatura de la transición. La Concertación —un pacto entre los demócrata-cristianos, los socialistas y dos partidos más pequeños— ganó galardones de primera, pero la oposición conservadora también se anotó méritos. Hasta Augusto Pinochet consigue un reconocimiento por haber abandonado la escena de forma pacífica.

El umbral que hay que atravesar ahora es la consolidación de la democracia. La clase política debe concordar para hallar un terreno común sobre una serie de temas como el amortiguamiento de la desigualdad, la creación de empleos, el mejoramiento de la educación, la energía, el medio ambiente, el aumento de las inversiones y la modernización del aparato estatal.

La Izquierda y la Derecha necesitan mirar más allá de las próximas elecciones —las municipales en octubre y la presidencial en diciembre del año 2009—, porque los problemas que Chile debe enfrentar son mayores que la cuestión de quién esté en el poder. Un cambio de guardia no es una gran tragedia, pero ignorar el peligro que se cierne, lo sería.

De paso, todo lo anterior es, en realidad, una buena noticia. Los problemas de Chile son el resultado de su éxito, no de su fracaso.

(Texto extraído de CUBAENCUENTRO 10-07-2008)