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lunes, junio 02, 2008

Cambio climático amenaza abastecimiento energético en Brasil

Según un estudio realizado en el país carioca, el calentamiento global afectará la producción de oleaginosas como girasol, ricino y palma, que actualmente se utilizan en el nordeste del país como fuente para la producción de biodiesel.

Los cambios climáticos obligarán a Brasil a adoptar algunas modificaciones en su sistema de energía para evitar una crisis de desabastecimiento en el futuro, según un estudio divulgado hoy por la Universidad Federal de Río de Janeiro.

De acuerdo con las previsiones de los investigadores del Instituto de Posgraduación y Pesquisas en Ingeniería (Coppe) de la Universidad, por la actual tendencia, los cambios climáticos reducirán la potencia de las hidroeléctricas brasileñas y el potencial de la generación eólica.

Los cálculos fueron hechos para 2100 tanto para un escenario conservador de cambios climáticos -es decir, con las reducciones en las emisiones de gases contaminantes a las que se han comprometido las naciones industrializadas-, como para un escenario más pesimista.

El estudio, que se refiere exclusivamente a los efectos del calentamiento global sobre las fuentes renovables, fue patrocinado por Reino Unido a través del Fondo Global Opportunity.

Según el estudio, el calentamiento global provocará una disminución en el caudal de los ríos y, por lo tanto, reducirá la capacidad de generación de las hidroeléctricas, actualmente la principal fuente de energía de Brasil (85 por ciento de la matriz).

De la misma forma, con menos vientos, el potencial de generación eólico, que Brasil apenas comienza a explotar en el nordeste del país, perderá ventajas.

De acuerdo con los especialistas del Coppe, el calentamiento global afectará la producción de oleaginosas como girasol, ricino y palma, que actualmente se utilizan en el nordeste del país como fuente para la producción de biodiesel.

Y la necesidad de aumentar la producción de alimentos reducirá el área actualmente destinada al cultivo de plantas destinas a la fabricación de biocombustibles.

El estudio asegura además que, sin tener en cuenta el aumento normal del consumo, apenas los cambios climáticos provocarán un crecimiento del ocho por ciento en la demanda brasileña de electricidad, por el mayor uso de sistemas de refrigeración.

Según los especialistas, la producción de energía a partir de hidroeléctricas sufrirá en 2100 una caída de entre el 1 por ciento, en las condiciones más optimistas, y el 2,2 por ciento, en la peor de las posibilidades, como consecuencia de la reducción de los caudales y de posibles sequías prolongadas.

El estudio analizó el efecto de los cambios climáticos en las cuencas de los ríos Paraná, Grande, Paranaíba, San Francisco y Tocantins, en los que están ubicados las centrales responsables por el 70 por ciento de la capacidad instalada del país.

En algunos casos, como en las hidroeléctricas que Brasil planea construir en el río Madera, la pérdida de capacidad de potencia puede llegar al 15 por ciento, o hasta el 27 por ciento en el río San Francisco.

El potencial de generación de energía eólica caerá en un 60 por ciento, según los cálculos hechos por los especialistas a partir de la reducción prevista de la velocidad de los vientos hasta 2100.

Pese a que aumentará el potencial de los generadores eólicos construidos en el litoral brasileño, ese crecimiento no será capaz de compensar las pérdidas que sufrirán los generadores ubicados en el interior.

El estudio destaca principalmente la situación del nordeste brasileño, una empobrecida región que sufre sequías periódicas y cuyas condiciones tienden a empeorar con los cambios climáticos.

"Las regiones áridas serán más áridas y el problema de irrigación aumentará", según Alexandre Szklo, uno de los autores del estudio.

La investigación señala, que pese a que el calentamiento global hará inviable la producción de palma y ricino en el nordeste del país, el cultivo de caña de azúcar, fuente del etanol, podrá crecer debido a que la planta es más resistente a las altas temperaturas.

lunes, mayo 14, 2007

Deforestación de selvas es la segunda fuente de gases de efecto invernadero



La deforestación y la quema de selvas tropicales en países como Brasil o Indonesia es la segunda fuente de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, según un informe hecho público en el Reino Unido que insta a tomar "más en serio" ese aspecto en la lucha contra el cambio climático.

"Si perdemos la batalla contra la deforestación, perderemos la lucha contra el cambio climático", aseguró a hoy Andrew Mitchell, director del Programa Mundial Copas de Arboles (GCP, en sus siglas en inglés), que elaboró el informe.

"Reducir la deforestación ofrece la mayor oportunidad para disminuir la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera en las próximas dos décadas, a un coste mucho menor que mediante grandes infraestructuras y de forma mucho más rápida", añadió.

Entre un 18 y un 25 por ciento de las emisiones globales de dióxido de carbono emitidas a la atmósfera son consecuencia de la deforestación, sólo superada por el sector energético, responsable de alrededor del 24 por ciento, mientras que la industria y el transporte producen cada uno de ellos un 14 por ciento.

El sector de la aviación, en concreto, es responsable sólo de entre un dos y un tres por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, según el estudio, que extrae sus cifras de los últimos trabajos sobre cambio climático presentados por la ONU y en el informe Stern, patrocinado por el gobierno británico.

Los bosques tropicales almacenan entre 120 y 400 toneladas de carbono por hectárea, por lo que al quemarlos emiten grandes cantidades de gases de dióxido de carbono a la atmósfera, que son de aproximadamente 400 millones de toneladas por año en Brasil y de 350 millones de toneladas por año en Indonesia, según el GCP, que tiene su sede en Oxford (sur de Inglaterra).

El porcentaje de emisiones de dióxido de carbono causadas por la deforestación asciende en Brasil hasta el 70 por ciento y hasta el 85 por ciento en Indonesia, que se ha convertido en el tercer mayor emisor global de gases de efecto invernadero.

El estudio destaca que la deforestación es, en gran parte, causada por la expansión del sector agrícola en países tropicales para satisfacer las demandas de las naciones occidentales de productos como aceite de palma o soja.

"No se trata de culpar a Indonesia o Brasil o cualquier otro país. La única opción que tienen para satisfacer esa demanda es talar sus bosques. La única opción que tienen de obtener valor de sus bosques es talándolos", indicó Mitchell, que abogó por dar una respuesta global al problema.

A pesar de ser una de las principales causas de emisión de gases de efecto invernadero, el debate internacional sobre como mitigar el cambio climático ha estado centrado en la reducción de las emisiones causadas por los sectores energético y de transportes, destaca el GCP.

El Protocolo de Kioto excluye los incentivos financieros por la reducción de las emisiones causadas por la deforestación o por la conservación de las selvas tropicales existentes.

El GCP tiene como objetivo integrar los estudios forestales a nivel mundial en un programa de investigación y conservación, enfocado hacia el entendimiento del papel fundamental que cumplen las copas de los árboles en la biodiversidad y en los cambios climáticos, en un plazo de diez años.

(Fuente: La Tercera)