miércoles, septiembre 14, 2011

Declaración binaria para vos.

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Acá, ahora.


Tendremos que distanciarnos pronto. Hasta el minuto hemos sido perpetuos. Y bien es cierto que si nuestros rumbos deben coincidir, en algún minuto volverán a cruzarse nuestros senderos.

Hasta el minuto, le amo mientras se sostiene sobre la arena. No pierde el equilibrio cuando nos levantamos sobre las piedras. Hasta el minuto, está conmigo y yo estoy junto a él.

Estoy, hasta el minuto, dispuesto a quererlo a través de los kilómetros y encima de las rocas de la playa, encarando las ráfagas de viento que se llevarán su nombre desde mis labios, mientras pierda la mirada buscando su sonrisa sobre pampas y cerros muertos.

Tengo la certeza, hasta este minuto, en este minuto que aún está conmigo y que todavía no emprende viaje alguno, de que volverá.

O que iré al menos a visitarlo.






martes, septiembre 13, 2011

Camiroaga.

Me impresiona la cantidad de personas que estableció un lazo emocional a través de la pantalla. No discuto la calidad humana del conductor, que por lo demás me parecía sensato, sino que me sobrepasa lo telemaníacos que son los chilenos. Por ello también, quizás, tenemos los peores índices de lectura a nivel hispanoparlante.

Dormir algo inflexible.

Estoy en un punto algo inflexible de la vida. Inflexible, porque la rigidez de los días y las estructuras donde me muevo no permiten que me convierta en aire y me pueda expandir, a pesar de que a veces sueño, y mientras desdoblo el dormitar y lo confundo con el cuerpo de quien yace a mi lado en estos días, aún debo contener las ganas desbordadas de remontar el espacio convertido en gas y en amor. Aunque extiendo mis brazos y me anclo a su espalda, y ahí me quedo, terrenal y somnoliento, juntando mis labios con los suyos mientras duerme.

lunes, agosto 29, 2011

Atardecer en El Salvador.


En las alturas de El Salvador, Región de Atacama, vimos el atardecer más bonito en años. Formas circulares, pozas cristalinas entre las nubes.


miércoles, septiembre 29, 2010

Desierto florido, una lección en una historia sin encanto.



El desierto florido en la región de Atacama es el florecimiento de semillas que se encuentran en estado de latencia producto de inusuales lluvias, o de bulbos que se encuentran bajo tierra.

Si pensamos en analogías, esta es una de ellas. Como esos bulbos, que están bajo tierra, prontos a salir a superficie, están los 33 mineros, de quienes tanto se ha hablado, que quizás hasta el hastío está agobiado por tanta presencia mediática. Tanta exposición. Como bajo ese sol perpetuo, inclemente, los reflectores y ojos de las cámaras, terminan por marchitar las sonrisas que se dibujaron curiosas durante las primeras tomas.

Pero dentro de la flora que brota en el desierto florido también están las semillas en estado de latencia. Esas, que se se encuentran evidentemente marchitas, confundidas con granos de arenas y pedregales. Devoradas por el viento y el salino golpe solar.

Ese perpetuo estado latente, cambia con tan sólo 15 milímetros de agua, dando paso a una inminente floración. Tan sólo 15 milímetros de lluvia han devuelto vida visible al desierto, convirtiendo las pampas en lienzos de colores que sólo un dios esquizofrénicamente creativo pudo trazar.

Cuando pensamos en los habitantes de la cuenca del río Copiapó, extinta hendidura que atraviesa quebrando el desierto desde la montaña al mar , deberíamos tener en cuenta que esos habitantes son personas que hasta hace 15 años atrás podían bañarse en las aguas tibias y mediosalobres del caudal de su río.

Hasta hace 15 años atrás, corría vida por el Valle de Copayapu, irrigando las venas en el Valle de Los Loros, colmando el embalse Lautaro, y pintando de verde la vertebra acuosa de la capital atacameña.

Todo eso ya no existe.

Por eso, tras estos 15 años que van desde la muerte del río Copiapó, surgen algunas voces que nos sugieren bajar la velocidad y mirar, que al paso del desarrollo que nunca llegó hasta Atacama, se seguirán consumiendo cuencas de río si es que no se aprende rápido de las lecciones.

Y tras estos 15 milímetros que caen para hacer florecer el desierto, tenemos una lección, una más, quizás obvia o rebuscada, pero que nos va devolviendo el encanto en una historia que no tiene nada de encantadora.